lunes, 26 de mayo de 2014

Desde el fondo de mi corazón...

Como siempre con hambre, bebo cuando tengo sed y duermo lo necesario. También lloro, puedo llorar desde sobretodo el sufrimiento que se descarga de mi añoranza, pero también puedo hacerlo por la alegría de saber que pasan cosas que me hacen sentir bien.
Al igual que un rey que abandonó su corona me siento, pero que nunca perdió su cabeza, la cabeza la llevo conmigo, y en ella un tesoro acumulado en forma de recuerdos a lo largo de veintidós años.
Un niño feliz que pierde su dicha no debe convertirse en un desecho ni en alguien peligroso, debe recuperar esa alegría perdida quizás en los gozos de muchos otros que siempre fueron parte importante de el.
Hasta hoy he vivido dos veces, hago recuento y en ninguna de esas vidas ya mucho me queda, tal vez un poco de dolor para el que no existe remedio.
No me siento ni más maduro ni más serio, sigo y observo desde la distancia apropiada sus historias entrañables y desde la sapiencia que me da el conocimiento de mi experiencia y de su historia, me condiciona de forma agradable y positiva verles alegres y contentos porque todos ellos, al igual que yo, formamos parte de lo mismo, ellos desde el corazón y yo quizás desde un poquito más abajo, en concreto, desde el fondo de mi corazón, corazón que al menos hoy no es un músculo que tan solo bombea sangre.





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