lunes, 31 de agosto de 2015

Personas con alta sensibilidad afectiva

Enamorarse, es para muchos un carrusel de nerviosas emociones difíciles de ordenar. Es un caos intenso de felicidad salpicado a veces, de la más insoportable de las tristezas.
Una realidad, que puede ser aún más desbordante para las llamadas “personas con alta sensibilidad”.

Recordemos, las personas altamente sensible ocupan un pequeño porcentaje de nuestra población y engloban una serie de particularidades psicológicas y emocionales, que los diferencian del resto.

La visión del mundo de las personas con alta sensibilidad parte desde el mismo corazón, y aunque muchos lo califican como un “don”, en ocasiones dicha aura, no aporta una auténtica felicidad, sino una terrible tristeza.
Son intuitivos, creativos, son capaces de percibir las emociones de los demás en todos sus matices, pero ello provoca a su vez que sean más reactivos, es decir, que se sienten más afectados y heridos ante determinadas cosas que el resto de personas.
Las personas altamente sensibles disfrutan en ocasiones mucho más de su soledad, prefieren emprender actividades en solitario desde donde apreciar el mundo en su auténtica realidad.
Ellas disponen de su propio ritmo, su propio tiempo muy diferente al acelerado materialismo del resto, donde no siempre se sienten integrados.
Son observadores, intuitivos, detallistas, autoexigentes y tienen un umbral más bajo al dolor. Les molestan los sonidos fuertes, e incluso es habitual ver niños pequeños a los que incluso les provoca dolor determinada ropa, determinados roces o incluso voces.

Como podemos ver, las personas altamente sensibles, tienen una visión de la realidad más afinada pero a la vez, este don, este rasgo de carácter, los hace mucho más vulnerables. En especial en el amor.

Puesto que ese tipo de personas suponen el 20% de la población, es normal que existan numerosas relaciones con personas sin ese rasgo, es decir, personas no altamente sensibles.
Obviamente existen muchas diferencias individuales, hay personas altamente sensibles que han decidido que es mejor estar solas dadas las incompatibilidades, dado el sufrimiento que ello provoca.
Hay casos en que este cúmulo de sensaciones u emociones, les genera un alto nivel de estrés y ansiedad que deriva en dolor físico. Un dolor tan insufrible que les ha hecho valorar, que es mejor “no enamorarse”.

Pero también hay que decir que las personas altamente sensibles se enamoran con facilidad. Su virtud para apreciar a las personas en todos sus matices, hace que se sientan atraídas de inmediato y llenas de esa reconfortante energía que es la atracción física y emocional.
Si tú eres una persona altamente sensible, es posible que poco a poco te des cuenta de que tu pareja, no aprecia las mismas cosas que tú. No llega a la misma profundidad emocional e intelectual que tú.
Ello hará que en ocasiones, te sientas frustrado/a y que llegues a demandarle determinadas cosas a tu pareja, que, sencillamente no puede ofrecerte o que no es capaz de ver o intuir.  Suelen ser personalidades tan diferentes que es habitual que aparezca la desilusión, la incomprensión…

Si eres una persona con ese rasgo de alto nivel de sensibilidad, debes tener muy en cuenta que los demás no puedan quizá satisfacer todos tus matices o estar al mismo nivel que tú. Y todo ello, deriva a menudo en una gran sufrimiento…Otra realidad que suele darse, es que a la persona altamente sensible le cuesta vigilar sus límites personales y suele tener la tendencia de ofrecerlo todo a la otra persona, olvidándose de si misma.
Es un riesgo muy grande. Obviamente es maravilloso conseguir esa unión simbiótica donde ofrezcamos todo nuestro afecto, todas nuestras emociones, tiempo y vivencias por la persona amada… Para las personas altamente sensibles no hay nada más reconfortante.
Pero hay que protegerse cuidando los límites. Si lo damos todo a la otra persona perderemos nuestra identidad, y seremos aún más vulnerables a cualquier desengaño, a cualquier desaire, a cualquier diferencia.
Poco a poco puede aparecer la frustración y el desencanto… dimensiones que, para una persona con tanta sensibilidad donde prima en especial la autoexigencia, puede llegar a ser muy destructivo.
Cualquier fracaso o desilusión es vivido de un modo muy traumático a todos los niveles. Tanto físico como psíquico, corriendo el riesgo de caer en una depresión.

Hay que tenerlo en cuenta. Ser una persona con alto grado de sensibilidad puede ser una virtud, un don. Pero no deja de ser en realidad un rasgo de personalidad que requiere de un autoconocimiento, de saber cómo somos y qué nos hace daño para establecer unos límites dentro de los cuales poder protegernos.
Entiende que el resto de personas no van a sentir lo que tu sientes, que no van ver lo que tu ves… pero aún así, también serán capaces de amarte y de ofrecerte esa felicidad que también mereces.
Mantén en un buen nivel tu autoestima disfrutando de quién eres y de cómo eres. Es posible que dicha sensibilidad sea en ocasiones sinónimo de sufrimiento, pero no siempre es así.

A medida que te comprendas mejor te verás más capaz de sobrevivir en esta realidad que en ocasiones, no luce con toda la sensibilidad que debería.

Susana Ivorra.




jueves, 20 de agosto de 2015

Vínculos para siempre

¡Qué significado tienen las cosas que la vida nos da y que significado tiene el mundo que nos rodea?
Se escribió que lo bueno y lo malo solo nos lo dan las vivencias que nos asocian a esa vida, a ese mundo. Para mi no tiene sentido alguno el verde color de las copas de los arboles, en cambio ese color verde me recuerda a sus preciosos ojos verdes.

Un día leyendo a Fromm relacioné una vivencia personal con algunos datos de ese libro que resumía su contenido en como debía ser la relación fraterna entre dos personas. No hablaba de pureza ni honestidad, ni tan siquiera de amistad o de amor, hablaba de serenidad, de serenidad alejada de todo lo estridente y compulsivo pasional. Las relación entre dos personas se inicia y se concluye de forma que a veces resulta incluso abrumadora. Los procesos afectivos tienden a parecer contratos laborales de empresa y estoy percibiendo en mi algo que no quiero aceptar, no quiero valorar mis relaciones dependiendo de ningún interés ni utilizarlas para mis objetivos propios, objetivos eso si y en este caso honestos, naturales y con sentimiento profundo. Tengo que intentar aceptar la realidad o en su defecto lograr hacer entender que a veces la utilidad de esa relación es limpia, honrada y prioritaria para la vida en sintonia con uno mismo.
En estos años de recorrido fraterno hacia las personas donde ha perseverado un trato adecuado al principio, pero donde todo a finalizado por convertirse en un error, un error nacido de la compulsa final, con falta de tacto y eximido de la paciencia necesaria.

Uno debe saber como acercarse a otro, debe saber mantenerse al lado y también tiene que lograr saber alejarse.

Y como dijo aquel, bendita aquella relación pausada, consciente, sincera, sin prisas y basada solo en el reconocimiento y el respeto.

Ahora recuerdo algún entrenador de élite que dijo que el fracaso como tal no existe.
Es una buena frase, pero la posible veracidad de las frases como esa nada tienen que ver con lo que uno realmente siente.

El día que deje de importarme que los arboles estén formados solo por raíces y tronco está cerca.